Historias de emprendedoras….

& amigas, queremos presentaros mujeres que han decido emprender…

Siempre tuve espíritu emprendedor y siempre quise montar una empresa, pero se tienen que dar las circunstancias, una necesidad que identificas, la idea de negocio, la experiencia, el momento vital en el que una sabe mejor lo que quiere (¡o al menos lo que no quiere!), el apoyo de los tuyos, y ese impulso interior que te dice “ahora “…y mejor que no te lo pienses demasiado :).

Supongo que la vida te va enseñando muchas cosas, y aunque cada vez tienes más claro en qué dirección te gustaría moverte, da mucho vértigo tomar decisiones de cambio importantes, sobre todo si tienes personitas que dependen de ti. A mí siempre me ha gustado crear, hacer las cosas posibles, impulsar proyectos incluso desde un papel en blanco. Me resulta divertido. Nunca me han asustado los retos ni la cantidad de trabajo que hiciera falta para ello. Lo que no me gusta es hacer horas porque sí, sin sentido o por ineficiencias del sistema. Cuando trabajas en grandes corporaciones las cosas se suelen mover despacio, muchas veces fruto de estructuras y procesos complejos, los excesos de reuniones, de decisores, de parálisis por análisis, del miedo a decir que no o el miedo a equivocarse.

Yo soy impaciente, me gusta que las cosas pasen y no me asusta trabajar mucho. Pero para mí era importarte hacerlo en algo donde cada minuto invertido tuviera sentido y que fuera en algo retador e innovador. Algo tangible y palpable, que apelara tanto a lo sensorial como a lo emocional (en este sentido siempre me ha gustado más el sector de gran consumo) y por supuesto que tuviera recorrido.  También que me permitiera ser dueña de mi agenda, y no que estuviera a merced de terceros o de las ineficiencias del sistema (¡en todo caso por la mías propias que ya procuraría mejorar!). Hay cosas que no se pagan con dinero. Poder hacer un paréntesis para ir a recoger a mis hijos al colegio y pasar un poco de tiempo con ellos cada día, aunque luego tenga que trabajar hasta las mil, eso no tiene precio. Necesitaba recuperar esos momentos.  Ahora, de algún modo siento que soy dueña de mi tiempo, aunque este sea más escaso que nunca…

Además, algo que también es importante es poder iniciar esta aventura con compañeros de viaje que tienen la misma ilusión que tú, no solo con tus socios sino con otros emprendedores que conoces y que están encantados de compartir lo que han aprendido para ayudarte y de aprender de ti, personas que te enriquecen y que derrochan una pasión e ilusión que ya cuesta encontrar en otros entornos profesionales. Emprender es todo un viaje donde de repente te lo tienes que hacer todo. Muchas veces cuesta avanzar, y sientes que das dos pasos hacia delante y uno para atrás, porque pecaste de optimista o porque no dominas muchas cosas que siempre hicieron otros e incluso subestimaste. Otras tantas veces, dudas de si tomaste la decisión correcta. No obstante, si un consejo te da todos los emprendedores que han conseguido su sueño, este es la perseverancia. Es verdad que desgraciadamente no se dispone de todo el tiempo del mundo ni de todo el oxígeno que uno quisiera para generar la tracción necesaria y coger velocidad de crucero.  Pero alguien me dijo una vez que si un día tengo que arrepentirme de algo que no sea de las cosas que no he hecho sino de no haberlas intentado. Esto me llegó hondo.

Así que solo puedo animar a todas las mujeres que un día tienen una idea, un sueño o sencillamente tienen las ganas de emprender algo. A veces todo empieza por un “y si…” o un pensamiento loco, pero si mantienes la mente abierta y estás atenta y predispuesta, estoy convencida de que poco a poco van ‘conectando los puntos ‘.;).

 

Muchas gracias Ana por compartir tu experiencia y dedicarnos un tiempo ¡¡mucha suerte!!

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